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¿Qué hay realmente en nuestra comida?

¿Qué hay realmente en nuestra comida?

“No hay dudas de que todo el mundo ha dicho alguna vez, medio en serio medio en broma que, si supiera exactamente lo que está comiendo, probablemente elegiría morir de hambre. Un nuevo estudio nos presenta la cruda realidad.”

¿Qué hay realmente en nuestra comida?

Menú súper especial

Según David Zinczenko, de Men’s Fitness consulting, una explicación de qué es lo que contiene una comida rápida, sería algo así: una pizza cuya masa está hecha parcialmente de espuma de plástico, entre la salsa y los condimentos puede haber pelo humano, excrementos de moscas y plumas de pato, todo ello delicadamente pulverizado con dióxido de silicio (arena).

Para los niños el menú es especial: una deliciosa selección de helados, mezclados con virutas de madera y aromatizados con extracto de las glándulas anales de castor, además de más de media docena de productos químicos, que “sólo se sospecha”, que causan obesidad, hiperactividad, asma, cáncer y diabetes.

 

Eso solo es para empezar y siempre que el sitio elegido se rija por las más estrictas normas de higiene y cuidado en la preparación de sus platos. Sin contar que, en el aire hay suspendidas partículas contaminantes, el agua potable y la sal puede contener microplásticos y las esporas de hongos son tan minúsculas, que resultan indetectables (como millones de microorganismos más).

 

Productos naturales y artificiales

Zinczenko sostiene que, nos alimentamos diariamente con productos que contienen unos 3.000 ingredientes, aprobados por las autoridades pertinentes (europeas y nacionales) como conservantes, aditivos y aromas, calificados de artificiales o “naturales”.

El almizcle que se extrae de una glándula situada debajo de la cola de los castores, es un aromatizante natural muy apreciado, tanto que es un compuesto principal de varias marcas famosas de perfumes y las virutas de madera o los excrementos de mosca son 100% naturales, aunque no deberían estar ahí.

 

Zinczenko explica que, gran parte de lo que se compra y que se califica vagamente de "comida", no debería serlo. También queda de manifiesto que los fabricantes y vendedores emplean una notable variedad de trucos, herramientas y tácticas, para que se sigan comprando y consumiendo sus productos.

Una de las tácticas usadas es que los productos sean “sin” o “bajo en”: sin gluten, sin azúcar, sin lactosa, sin grasas o bajo en calorías, fructosa, carbohidratos y una enorme lista de sin y bajos en más. Esto no implica salud, sino muchas veces, todo lo contrario.

 

Las personas que no son celíacas no tienen porqué comer sin gluten y muchos de los productos etiquetados como tales, son un engaño de base. El gluten está exclusivamente en el germen de algunos cereales (como el trigo o la cebada) por lo que, si el producto no es un derivado de dichos granos Jamás contendrá gluten (ejemplos: carnes, verduras o legumbres).

Lo mismo se aplica a quienes no tienen intolerancia a la lactosa (un azúcar exclusivamente presente en la leche de los mamíferos); consumir productos que no la contengan no les hace ningún bien adicional.

 

Si bien es cierto que el azúcar: el peor ingrediente de la dieta moderna, cuando ésta no está presente y el producto es dulce, es porque contiene un sucedáneo, generalmente un edulcorante artificial (ver: Edulcorantes: breve historia de los sustitutos del azúcar) que pueden provocar alteraciones metabólicas, obesidad y diabetes.

Para Zinczenko, esto no quiere decir que haya que dejar de comer, pero hace algunas recomendaciones: reciclar el plástico puede evitar que acabe en nuestra comida, elegir alimentos ecológicos nos asegura que no contengan productos químicos perniciosos y tomar conciencia de que cambiar las tornas está en nuestras manos, puede ser la diferencia para un cambio de vida total hacia lo sano.

 

REDACCION/ECOTICIAS.COM