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Las abejas sin aguijón cuentan con guardianas para la defensa de sus colmenas

Las abejas sin aguijón cuentan con guardianas para la defensa de sus colmenas

Estos descubrimientos fueron realizados por un grupo de investigadores de la Universidad de São Paulo (USP), en su campus de la localidad de Ribeirão Preto (São Paulo, Brasil), en colaboración con colegas de la estatal Embrapa Amazonia Oriental, en Belém (estado brasileño de Pará), y de la Johannes Gutenberg University Mainz, de Alemania.

Las abejas sin aguijón cuentan con guardianas para la defensa de sus colmenas

Al igual que las hormigas y las termitas, diversas especies de abejas sin aguijón existentes en Brasil cuentan con guardianas, soldados especializados en la defensa de sus colonias contra eventuales ataques de enemigos naturales.
El surgimiento de estas abejas guardianas –que son más robustas, tienen un mayor porte y, en algunos casos, exhiben una coloración distinta a la de las abejas obreras más comunes– empezó durante los últimos 25 millones de años y coincidió con la aparición de abejas “ladronas”, que constituyen una gran amenaza para muchas especies de abejas sin aguijón.
Estos descubrimientos fueron realizados por un grupo de investigadores de la Universidad de São Paulo (USP), en su campus de la localidad de Ribeirão Preto (São Paulo, Brasil), en colaboración con colegas de la estatal Embrapa Amazonia Oriental, en Belém (estado brasileño de Pará), y de la Johannes Gutenberg University Mainz, de Alemania.
Este estudio, producto de dos proyectos apoyados por la FAPESP el primero, coordinado por Eduardo Andrade de Almeida y el segundo por Fábio Santos do Nascimento, ambos docentes del Departamento de Biología de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de la USP de Ribeirão Preto–, salió publicado en la revista Nature Communications.
“Las abejas guardianas también exhiben un comportamiento distinto al de las obreras”, declaró Andrade de Almeida a Agência FAPESP.
“No salen del nido para buscar alimento igual que las abejas que pecorean o forrajean, vuelan cerca de la entrada de la colonia y son las primeras que entran en la pelea en caso de producirse a una invasión de abejas parásitas”, afirmó.
Un estudio anterior, publicado en 2012, ya había apuntado que las colonias de una especie de abeja sin aguijón –la abeja angelita o yateí (Tetragonisca angustula)– son defendidas por un grupo de abejas guardianas que son aproximadamente un 30% mayores y tiene una forma distinta a la sus compañeras de nido. Y que el tamaño del cuerpo mayor de esas abejas guardianas en comparación con las obreras está directamente relacionado con su capacidad de combate.
Con base en esta constatación, los investigadores decidieron evaluar si la diferenciación de las abejas obreras relacionada con las tareas que desempeñan en las colonias está difundida entre otras especies de abejas sin aguijón, que constituyen el mayor grupo de abejas sociales, con sus más de 500 especies descritas, de las cuales más de 300 existen en Brasil.
A tal fin, compararon características morfológicas, tales como el tamaño de las abejas guardianas y forrajeras de 28 especies de abejas sin aguijón más comunes en Brasil, y ecológicamente variadas, con distintos tipos de hábitat, de hábitos de nidificación, de métodos de pecoreo y tamaños de colonia, que pueden variar de algunas centenas a decenas de miles de obreras.
Los análisis indicaron que en 10 de las 28 especies analizadas las abejas guardianas eran significativamente mayores que las forrajeras. Las especies con abejas guardianas mayores presentaron una variación de entre el 10% y el 30% en el tamaño en comparación con las abejas obreras.
Las tres especies con mayor grado de diferenciación de tamaño fueron las yateís Tetragonisca angustula y Tetragonisca fiebrigi y la especie Frieseomelitta longipes.
Las abejas guardianas de varias especies del género de abejas sin aguijón Frieseomelitta no sólo son mayores sino que también poseen una coloración más oscura que las obreras, según constataron los investigadores.
“Observamos que la diferencia entre las abejas obreras y las guardianas es mucho más común entre las especies de abejas sin aguijón de lo que se imaginaba, y que la evolución de las abejas guardianas con un tamaño corporal mayor parece estar relacionada con el riesgo de ataque de abejas parásitas”, dijo Andrade de Almeida.
“Esto modifica algunas interpretaciones acerca de cómo habría sido la evolución de los comportamientos sociales de especies de abejas sin aguijón y las relaciones entre éstas dentro de los nidos, por ejemplo”, señaló.
La presión evolutiva
Con el objetivo de identificar cuándo empezó la diferenciación de las abejas y qué factores contribuyeron para desencadenar este proceso, los investigadores realizaron pruebas con base en análisis filogenéticos (de la historia evolutiva) de las 28 especies de abejas sin aguijón incluidas en el estudio.
Los resultados de dichos análisis indicaron que el ancestro común de estas especies de abejas sin aguijón tenía obreras de un tamaño similar, y que el aumento del tamaño de las guardianas habría evolucionado al menos cinco veces en forma independiente durante los últimos 20 ó 25 millones de años.
Se considera que ese período es reciente si se tiene en cuenta la edad de la diversificación de las abejas sin aguijón en general –que empezó hace 80 millones de años– y coincide con el surgimiento de las abejas del género parásito Lestrimelitta –conocidas como abejas ladronas–, según consignaron los investigadores.
“El surgimiento de las especies de este género, que exhiben un comportamiento sumamente especializado al invadir los nidos de otras abejas para saquearlos, puede haber ejercido una presión evolutiva sobre las especies que son objeto de ataques, favoreciendo así el desarrollo de mecanismos de defensa –en este caso, las abejas guardianas– para protegerse”, estimó Andrade de Almeida.
Entre las 28 especies de abejas sin aguijón estudiadas, diez constituyen blancos conocidos de Lestrimelitta, cuyos ataques a menudo destruyen las colonias.
Las especies de abejas sin aguijón que constituyen blancos de las abejas ladronas son cuatro veces más propensas a tener guardianas de mayor tamaño en comparación con las que no son víctimas frecuentes, según apuntaron los investigadores.
“A medida que esas especies de abejas sin aguijón que son blancos de las abejas ladronas empiezan a padecer menos ataques o que logran interceptarlos, pasan también a tener posibilidades de aumentar su descendencia, lo cual constituye una ventaja evolutiva”, sostuvo Andrade de Almeida.

Al igual que las hormigas y las termitas, diversas especies de abejas sin aguijón existentes en Brasil cuentan con guardianas, soldados especializados en la defensa de sus colonias contra eventuales ataques de enemigos naturales.

El surgimiento de estas abejas guardianas –que son más robustas, tienen un mayor porte y, en algunos casos, exhiben una coloración distinta a la de las abejas obreras más comunes– empezó durante los últimos 25 millones de años y coincidió con la aparición de abejas “ladronas”, que constituyen una gran amenaza para muchas especies de abejas sin aguijón.

Estos descubrimientos fueron realizados por un grupo de investigadores de la Universidad de São Paulo (USP), en su campus de la localidad de Ribeirão Preto (São Paulo, Brasil), en colaboración con colegas de la estatal Embrapa Amazonia Oriental, en Belém (estado brasileño de Pará), y de la Johannes Gutenberg University Mainz, de Alemania.

Este estudio, producto de dos proyectos apoyados por la FAPESP el primero, coordinado por Eduardo Andrade de Almeida y el segundo por Fábio Santos do Nascimento, ambos docentes del Departamento de Biología de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de la USP de Ribeirão Preto–, salió publicado en la revista Nature Communications.

“Las abejas guardianas también exhiben un comportamiento distinto al de las obreras”, declaró Andrade de Almeida a Agência FAPESP.

“No salen del nido para buscar alimento igual que las abejas que pecorean o forrajean, vuelan cerca de la entrada de la colonia y son las primeras que entran en la pelea en caso de producirse a una invasión de abejas parásitas”, afirmó.

Un estudio anterior, publicado en 2012, ya había apuntado que las colonias de una especie de abeja sin aguijón –la abeja angelita o yateí (Tetragonisca angustula)– son defendidas por un grupo de abejas guardianas que son aproximadamente un 30% mayores y tiene una forma distinta a la sus compañeras de nido. Y que el tamaño del cuerpo mayor de esas abejas guardianas en comparación con las obreras está directamente relacionado con su capacidad de combate.

Con base en esta constatación, los investigadores decidieron evaluar si la diferenciación de las abejas obreras relacionada con las tareas que desempeñan en las colonias está difundida entre otras especies de abejas sin aguijón, que constituyen el mayor grupo de abejas sociales, con sus más de 500 especies descritas, de las cuales más de 300 existen en Brasil.

A tal fin, compararon características morfológicas, tales como el tamaño de las abejas guardianas y forrajeras de 28 especies de abejas sin aguijón más comunes en Brasil, y ecológicamente variadas, con distintos tipos de hábitat, de hábitos de nidificación, de métodos de pecoreo y tamaños de colonia, que pueden variar de algunas centenas a decenas de miles de obreras.

Los análisis indicaron que en 10 de las 28 especies analizadas las abejas guardianas eran significativamente mayores que las forrajeras. Las especies con abejas guardianas mayores presentaron una variación de entre el 10% y el 30% en el tamaño en comparación con las abejas obreras.

Las tres especies con mayor grado de diferenciación de tamaño fueron las yateís Tetragonisca angustula y Tetragonisca fiebrigi y la especie Frieseomelitta longipes.

Las abejas guardianas de varias especies del género de abejas sin aguijón Frieseomelitta no sólo son mayores sino que también poseen una coloración más oscura que las obreras, según constataron los investigadores.

“Observamos que la diferencia entre las abejas obreras y las guardianas es mucho más común entre las especies de abejas sin aguijón de lo que se imaginaba, y que la evolución de las abejas guardianas con un tamaño corporal mayor parece estar relacionada con el riesgo de ataque de abejas parásitas”, dijo Andrade de Almeida.

“Esto modifica algunas interpretaciones acerca de cómo habría sido la evolución de los comportamientos sociales de especies de abejas sin aguijón y las relaciones entre éstas dentro de los nidos, por ejemplo”, señaló.

La presión evolutiva

Con el objetivo de identificar cuándo empezó la diferenciación de las abejas y qué factores contribuyeron para desencadenar este proceso, los investigadores realizaron pruebas con base en análisis filogenéticos (de la historia evolutiva) de las 28 especies de abejas sin aguijón incluidas en el estudio.

Los resultados de dichos análisis indicaron que el ancestro común de estas especies de abejas sin aguijón tenía obreras de un tamaño similar, y que el aumento del tamaño de las guardianas habría evolucionado al menos cinco veces en forma independiente durante los últimos 20 ó 25 millones de años.

Se considera que ese período es reciente si se tiene en cuenta la edad de la diversificación de las abejas sin aguijón en general –que empezó hace 80 millones de años– y coincide con el surgimiento de las abejas del género parásito Lestrimelitta –conocidas como abejas ladronas–, según consignaron los investigadores.

“El surgimiento de las especies de este género, que exhiben un comportamiento sumamente especializado al invadir los nidos de otras abejas para saquearlos, puede haber ejercido una presión evolutiva sobre las especies que son objeto de ataques, favoreciendo así el desarrollo de mecanismos de defensa –en este caso, las abejas guardianas– para protegerse”, estimó Andrade de Almeida.

Entre las 28 especies de abejas sin aguijón estudiadas, diez constituyen blancos conocidos de Lestrimelitta, cuyos ataques a menudo destruyen las colonias.

Las especies de abejas sin aguijón que constituyen blancos de las abejas ladronas son cuatro veces más propensas a tener guardianas de mayor tamaño en comparación con las que no son víctimas frecuentes, según apuntaron los investigadores.

“A medida que esas especies de abejas sin aguijón que son blancos de las abejas ladronas empiezan a padecer menos ataques o que logran interceptarlos, pasan también a tener posibilidades de aumentar su descendencia, lo cual constituye una ventaja evolutiva”, sostuvo Andrade de Almeida.