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Salamandrivorans: el hongo que termina con las salamandras

Salamandrivorans: el hongo que termina con las salamandras

De entre todos los anfibios, el Batrachochytrium salamandrivorans (también conocido como Bsal) afecta únicamente a salamandras y tritones, a los que literalmente come la piel, por la que respiran, hasta tal punto que llega un momento en que mueren. En su lugar de origen, el hongo no causa enfermedad, probablemente porque sus víctimas han tenido miles de años para desarrollar inmunidad.

Salamandrivorans: el hongo que termina con las salamandras

En Holanda, la salamandra está casi extinta. A esta situación crítica se ha llegado en solo 4 años, y el responsable principal es el Batrachochytrium salamandrivorans, un hongo “devorador de salamandras” que llegó al continente desde Asia debido, se cree, al comercio de mascotas. De este problema, de la situación en España y de qué podemos hacer para intentar contener esta amenaza nos habló David Lastra, investigador de la Czech University of Life Sciences Prague, en la última charla mensual del Fluviarium de Liérganes.

De entre todos los anfibios, el Batrachochytrium salamandrivorans (también conocido como Bsal) afecta únicamente a salamandras y tritones, a los que literalmente come la piel, por la que respiran, hasta tal punto que llega un momento en que mueren. En su lugar de origen, el hongo no causa enfermedad, probablemente porque sus víctimas han tenido miles de años para desarrollar inmunidad. Pero en los Países Bajos casi ha acabado con las salamandras en apenas 4 años, tan rápido que ha sido imposible que a estas les diera tiempo a desarrollar resistencia.

Como nos contó David Lastra en su charla, “no se conoce nada que acabe con una especie tan rápido”. De hecho, “en Holanda, cuando vieron lo que estaba pasando, recogieron muchas, las curaron en laboratorio, y ahora las tienen protegidas en ambientes controlados. Pero si las vuelven a soltar, enfermarán de nuevo”. “El hongo aguanta temperaturas muy similares a las que tenemos en Cantabria”. Fuera de ese rango, muere, pero claro, eso se puede controlar en laboratorio, pero no en la Naturaleza, como indicó Lastra.

Afortunadamente, el Batrachochytrium salamandrivorans no parece haber llegado a España o, al menos, los investigadores no se han topado aún con él. En la Península hay, aproximadamente, 30 especies de anfibios, lo cual está muy bien, y en Cantabria contamos con 13. España tiene la “mayor diversidad de salamandras de toda Europa”. De ellas, la más común en Cantabria es la subespecie fastuosa, con rayas de intensos colores amarillo y negro.

¿Por qué son importantes los anfibios?

Entre los anfibios, cuyo nombre hace referencia a que pasan su vida tanto en tierra como en el agua, se incluyen ranas, sapos, salamandras, tritones y cecilias (que asemejan culebras) y son considerados los vertebrados más amenazados del planeta. Esto no es solo grave por sí mismo, sino que pone en peligro el equilibrio de todo el ecosistema, pues forman parte de una cadena en la que, por ejemplo, ayudan a controlar el número de insectos (“acaban con más que cualquier plaguicida”) y sirven de comida a otras especies.

Además, están las aplicaciones médicas: “Lo que más llama la atención de la gente es que en 148 días regeneran el miembro completamente tras su amputación. Y si se extinguen, esto ya no se puede investigar”.

El “devorador de salamandras” no es la única amenaza a la que se enfrentan estos vertebrados. Antes que el salamandrivorans, ya se conocía otro hongo, el Batrachochytrium dendrobatidis, que en la década de los 90 produjo la reducción drástica o la extinción de 200 especies. Y hay otras enfermedades, como las infecciones ocasionadas por Ranavirus, una especie de gripe cuya virulencia varía. De hecho, “a veces se pueden ver muertes masivas en un punto”, lo cual es una señal de alerta.

La polución también les afecta mucho, pues respiran por la piel. “Son muy sensibles y actúan como bioindicadores naturales” del buen estado de un ecosistema. Y también se ven perjudicados por especies invasoras como el cangrejo rojo americano, que se alimenta de sus huevos y que está ocupando las charcas que antes les servían de refugio.

Qué podemos hacer nosotros

David Lastra quiso incidir en que cualquier ciudadano puede hacer mucho por favorecer la presencia de anfibios. De entre todas las medidas, destaca la creación de charcas tanto a través de programas de voluntariado, como los de Fundación Naturaleza y Hombre, como de una forma más modesta, instalando pequeños estanques con cualquier artilugio que se tenga a mano.

“Pensad en todos los puntos de agua que había en vuestro pueblo y que han desaparecido. Ahora solo quedan corrientes fuertes a las que estos animales no pueden adaptarse, lagos enormes…”. “Y simplemente poniendo una vieja bañera de hojalata [se puede lograr mucho]”. También hay que “acordarse de poner una rama para que puedan salir”, pues a pesar de que les guste el agua, los anfibios también pueden ahogarse, “y una rampa de entrada para que puedan disfrutarlo”.

Además “se pueden recuperar viejos bebederos. Este tipo de puntos de agua consiguen que subsistan las poblaciones.” Y sería bueno dar aviso si se ven muchos ejemplares muertos en el mismo lugar.

Las autoridades también han comenzado a tomar medidas para luchar contra el Salamandrivorans. Entre ellas: la prohibición de importación de especies en algunos países y la creación de grupos de investigación coordinados.

La charla “Los anfibios y sus amenazas”, celebrada en el Fluviarium de Liérganes, forma parte del ciclo de conferencias mensuales del proyecto LIFE “Conservación de la Biodiversidad en el río Miera”, coordinado por Fundación Naturaleza y Hombre, que trata de concienciar sobre los valores ambientales de la zona e implicar a la población en su conservación.

El proyecto LIFE Miera cuenta, además, con la empresa pública Medio Ambiente, Agua, Residuos y Energía de Cantabria, S.A., (MARE) y la Consejería de Universidades e Investigación, Medio Ambiente y Política Social del Gobierno de Cantabria como beneficiarios asociados. Y dispone del apoyo económico de la citada Consejería; de Fundación Biodiversidad, dependiente del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente de España; y del instrumento financiero LIFE de la Unión Europea.