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El último antepasado común de simios y humanos era como un gibón

El último antepasado común de simios y humanos era como un gibón

Pero los hallazgos de un nuevo estudio sugieren que este antepasado vivía en un ambiente que favorecía un tamaño parecido al de un gibón, un mono de unos cinco kilogramos. Este cambio de perspectiva tiene una serie de implicaciones biológicas.

El último antepasado común de simios y humanos era como un gibón

Hasta el momento se ha asumido con frecuencia que el último antepasado común de simios y seres humanos era del tamaño de un chimpancé.
Pero los hallazgos de un nuevo estudio sugieren que este antepasado vivía en un ambiente que favorecía un tamaño parecido al de un gibón, un mono de unos cinco kilogramos. Este cambio de perspectiva tiene una serie de implicaciones biológicas.
El último antepasado común de los simios y los seres humanos sigue siendo un animal misterioso, pero el doctor Mark Grabowski, del Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente de la Universidad de Tübingen, junto con su colega el profesor William L. Jungers de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York, han abierto nuevos caminos para evaluar el tamaño e inferir el modo de vida de esta criatura desconocida y sus antepasados.
Utilizando masas corporales medias y estimadas para una amplia muestra de seres vivos y fósiles, simios y otros primates y métodos comparativos nuevos, los investigadores reconstruyeron la evolución de la masa corporal durante y antes del linaje humano. El nuevo estudio será publicado en la revista 'Nature Communications'.
EL ÁRBOL GENEALÓGICO ES COMPLEJO, PERO FRAGMENTARIO
Los hominoides, incluyendo a todos los simios y seres humanos, se separaron del linaje que derivó hacia los monos hace unos 25 millones de años. El linaje que condujo hacia los gibones fue el hominoide más temprano en divergir del grupo que condujo a los grandes simios y humanos, hace unos 17 millones de años. Los orangutanes fueron los siguientes, seguidos por los gorilas, con los chimpancés y los linajes humanos divergiendo unos de los otros.
Con respecto a los fósiles, los investigadores tienen conocimiento de una deslumbrante diversidad de simios extintos y de la especie humana que una vez existieron. Su árbol genealógico es complejo, pero fragmentario. Lo que un ancestro específico parecía y cómo vivía sólo se puede determinar de manera indirecta.
En el estudio, Mark Grabowski y William Jungers se concentraron en la estimación de la masa corporal, una característica que afecta a casi todos los aspectos de la biología de un animal, como las necesidades energéticas, la dieta, la locomoción y el comportamiento. "Para reconstruir la paleobiología de especies extintas hace falta tener una idea de su masa corporal", explica Mark Grabowski. Los investigadores han incorporado datos de especies fósiles y aún vivas de simios, seres humanos, y una amplia gama de primates de América del Sur, África, Europa y Asia.
"Según nuestro análisis, el último antepasado común de los simios y los seres humanos vivía en condiciones que mejor se ajustaban al tamaño de un gibón", señala Grabowski. Si este resultado es correcto, los gibones no son un linaje enano, como se ha propuesto con frecuencia. Un tamaño parecido a un gibón tiene una serie de consecuencias para los modelos existentes de evolución de los simios. Por ejemplo, se cree comúnmente que los hominoides tempranos desarrollaron una locomoción colgante y balanceada en los árboles debido a un aumento en el tamaño del cuerpo, ya que eran demasiado pesados para caminar encima de las ramas como la mayoría de los primates todavía hacen.
Pero según este nuevo estudio, parece que el balanceo y el colgamiento surgió primero e independientemente de un aumento posterior en la masa corporal.
El antepasado común de los seres humanos y chimpancés vivió hace siete millones de años. Grabowski y Jungers estaban de acuerdo en que esta criatura tenía la masa corporal aproximada de un chimpancé, pero el estudio es, según Grabowski, el primero en probar el tamaño de este animal de manera cuantitativa.
"También parece que los seres humanos primitivos, como los miembros del género Australopithecus, en realidad eran en promedio más pequeños que sus antepasados y este tamaño menor continuó hasta la llegada del Homo erectus", añade el investigador. Esto significa que parece haber una disminución en el tamaño medio del cuerpo en el linaje del ser humano, en lugar de que este tamaño sea similar o simplemente más grande.

Hasta el momento se ha asumido con frecuencia que el último antepasado común de simios y seres humanos era del tamaño de un chimpancé.

Pero los hallazgos de un nuevo estudio sugieren que este antepasado vivía en un ambiente que favorecía un tamaño parecido al de un gibón, un mono de unos cinco kilogramos. Este cambio de perspectiva tiene una serie de implicaciones biológicas.

El último antepasado común de los simios y los seres humanos sigue siendo un animal misterioso, pero el doctor Mark Grabowski, del Centro Senckenberg para la Evolución Humana y el Paleoambiente de la Universidad de Tübingen, junto con su colega el profesor William L. Jungers de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York, han abierto nuevos caminos para evaluar el tamaño e inferir el modo de vida de esta criatura desconocida y sus antepasados.

Utilizando masas corporales medias y estimadas para una amplia muestra de seres vivos y fósiles, simios y otros primates y métodos comparativos nuevos, los investigadores reconstruyeron la evolución de la masa corporal durante y antes del linaje humano. El nuevo estudio será publicado en la revista 'Nature Communications'.

EL ÁRBOL GENEALÓGICO ES COMPLEJO, PERO FRAGMENTARIO

Los hominoides, incluyendo a todos los simios y seres humanos, se separaron del linaje que derivó hacia los monos hace unos 25 millones de años. El linaje que condujo hacia los gibones fue el hominoide más temprano en divergir del grupo que condujo a los grandes simios y humanos, hace unos 17 millones de años. Los orangutanes fueron los siguientes, seguidos por los gorilas, con los chimpancés y los linajes humanos divergiendo unos de los otros.

Con respecto a los fósiles, los investigadores tienen conocimiento de una deslumbrante diversidad de simios extintos y de la especie humana que una vez existieron. Su árbol genealógico es complejo, pero fragmentario. Lo que un ancestro específico parecía y cómo vivía sólo se puede determinar de manera indirecta.

En el estudio, Mark Grabowski y William Jungers se concentraron en la estimación de la masa corporal, una característica que afecta a casi todos los aspectos de la biología de un animal, como las necesidades energéticas, la dieta, la locomoción y el comportamiento. "Para reconstruir la paleobiología de especies extintas hace falta tener una idea de su masa corporal", explica Mark Grabowski. Los investigadores han incorporado datos de especies fósiles y aún vivas de simios, seres humanos, y una amplia gama de primates de América del Sur, África, Europa y Asia.

"Según nuestro análisis, el último antepasado común de los simios y los seres humanos vivía en condiciones que mejor se ajustaban al tamaño de un gibón", señala Grabowski. Si este resultado es correcto, los gibones no son un linaje enano, como se ha propuesto con frecuencia. Un tamaño parecido a un gibón tiene una serie de consecuencias para los modelos existentes de evolución de los simios. Por ejemplo, se cree comúnmente que los hominoides tempranos desarrollaron una locomoción colgante y balanceada en los árboles debido a un aumento en el tamaño del cuerpo, ya que eran demasiado pesados para caminar encima de las ramas como la mayoría de los primates todavía hacen.

Pero según este nuevo estudio, parece que el balanceo y el colgamiento surgió primero e independientemente de un aumento posterior en la masa corporal.

El antepasado común de los seres humanos y chimpancés vivió hace siete millones de años. Grabowski y Jungers estaban de acuerdo en que esta criatura tenía la masa corporal aproximada de un chimpancé, pero el estudio es, según Grabowski, el primero en probar el tamaño de este animal de manera cuantitativa.

"También parece que los seres humanos primitivos, como los miembros del género Australopithecus, en realidad eran en promedio más pequeños que sus antepasados y este tamaño menor continuó hasta la llegada del Homo erectus", añade el investigador. Esto significa que parece haber una disminución en el tamaño medio del cuerpo en el linaje del ser humano, en lugar de que este tamaño sea similar o simplemente más grande.

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