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¿Por qué hay que acompañar a los niños durante la merienda?

¿Por qué hay que acompañar a los niños durante la merienda?

Esta merienda debe ser equilibrada y proporcionar a los pequeños el aporte energético suficiente para aguantar los juegos, los deportes y las tareas hasta la siguiente comida.

¿Por qué hay que acompañar a los niños durante la merienda?

La infancia es un periodo clave para adquirir y consolidar hábitos alimentarios correctos y saludables, y la hora de la merienda es una de las más esperadas por lo niños. Más del 95 por ciento de ellos meriendan, tal y como se desprende de un reciente estudio realizado por El Caserío en colaboración con Aldeas Infantiles SOS.
Esta merienda debe ser equilibrada y proporcionar a los pequeños el aporte energético suficiente para aguantar los juegos, los deportes y las tareas hasta la siguiente comida.
Además de para promover el equilibrio nutricional y desarrollar valores familiares, entre las razones por las que nuestros hijos deben merendar mientras estamos presentes, destacan:
1.- Recarga de energía. La jornada escolar hace que los pequeños de la casa consuman mucha energía, por este motivo, merendar a la salida del colegio les ayuda a reponer fuerzas y afrontar mejor tanto las actividades extra escolares como el momento de los deberes o el rato de juego.
2.- Equilibrio nutricional. Si diariamente debemos tomar al menos cinco piezas de fruta y verdura, la merienda puede ser una buena ocasión para incluir una de estas raciones, que idealmente deberían ir acompañadas de algún lácteo, para que la ingesta de alimentos sea más equilibrada. Además, merendar a diario ayuda a que los niños no tengan exceso de hambre por la noche, favoreciendo cenas más ligeras, mejores digestiones y mejor descanso.
3.- Tiempo para un bocadillo. Según el Estudio de hábitos de merienda en España elaborado por El Caserío, cada vez son menos los niños que toman bocadillos en la merienda (40%), aumentando la ingesta de sándwiches (17%). Los padres pueden aprovechar este momento para retomar las viejas tradiciones de bocadillos.
4.- Comer en familia, más saludable. La presencia de un adulto durante la comida es siempre recomendable. Ya sean los padres, abuelos o un cuidador, está comprobado que estar con los niños mientras comen ayuda a que tengan una nutrición más adecuada. Durante este tiempo se les guía en la alimentación, haciendo que coman de manera más pausada y favoreciendo la sensación de saciedad y autocontrol en relación a la comida.
5.- Mejor desarrollo. Se ha comprobado que los niños que preparan la merienda junto a sus padres potencian en gran medida su psicomotricidad, ya que este tipo de actividades ayudan a que tomen control de su cuerpo, aprendiendo a usar las manos con mayor precisión.
6.- La importancia del ejercicio. Según el estudio de El Caserío, en la última década casi el 40 por ciento de los niños tienen meriendas sedentarias, es decir, que en la actualidad toman esta comida viendo la televisión, o jugando con el móvil o con videojuegos. Sin embargo, los padres pueden ayudar a que este hecho cambie, promoviendo juegos en casa o al aire libre y actividades durante este rato, para que se muestren activos.
7.- Creatividad gastronómica. Si planificamos el menú semanal con los niños podremos además, potenciar la creatividad de toda la familia. No solo pensando platos o posibles combinaciones, sino innovando en el emplatado. Una brocheta de fruta sabe más rica que una manzana recién pelada.
8.- Mejora de la comunicación. La merienda puede convertirse en un momento en el que compartir en familia aquello que se ha hecho durante el día. Hacer que los niños cuenten qué han hecho en el colegio o planificar junto a ellos el fin de semana, ayuda en el desarrollo de su vocabulario.
9.- Valores familiares. Si los padres comparten este tiempo con los pequeños, se convertirá en un momento en el que inculcar valores y sentimientos. Además, la merienda puede reforzar vínculos familiares, ayudando a que, de adultos, los jóvenes recuerden estas experiencias positivas aplicándolas a su vez en sus propios hijos.
10.- Imitación del estilo de vida. Los pequeños aprenden por imitación y, si los padres se alimentan correctamente y meriendan junto a los pequeños de la casa, estos asumirán esta misma forma de comer, haciendo que de mayores sepan elegir mejor sus platos.

La infancia es un periodo clave para adquirir y consolidar hábitos alimentarios correctos y saludables, y la hora de la merienda es una de las más esperadas por lo niños. Más del 95 por ciento de ellos meriendan, tal y como se desprende de un reciente estudio realizado por El Caserío en colaboración con Aldeas Infantiles SOS.

Esta merienda debe ser equilibrada y proporcionar a los pequeños el aporte energético suficiente para aguantar los juegos, los deportes y las tareas hasta la siguiente comida.

Además de para promover el equilibrio nutricional y desarrollar valores familiares, entre las razones por las que nuestros hijos deben merendar mientras estamos presentes, destacan:

1.- Recarga de energía. La jornada escolar hace que los pequeños de la casa consuman mucha energía, por este motivo, merendar a la salida del colegio les ayuda a reponer fuerzas y afrontar mejor tanto las actividades extra escolares como el momento de los deberes o el rato de juego.

2.- Equilibrio nutricional. Si diariamente debemos tomar al menos cinco piezas de fruta y verdura, la merienda puede ser una buena ocasión para incluir una de estas raciones, que idealmente deberían ir acompañadas de algún lácteo, para que la ingesta de alimentos sea más equilibrada. Además, merendar a diario ayuda a que los niños no tengan exceso de hambre por la noche, favoreciendo cenas más ligeras, mejores digestiones y mejor descanso.

3.- Tiempo para un bocadillo. Según el Estudio de hábitos de merienda en España elaborado por El Caserío, cada vez son menos los niños que toman bocadillos en la merienda (40%), aumentando la ingesta de sándwiches (17%). Los padres pueden aprovechar este momento para retomar las viejas tradiciones de bocadillos.

4.- Comer en familia, más saludable. La presencia de un adulto durante la comida es siempre recomendable. Ya sean los padres, abuelos o un cuidador, está comprobado que estar con los niños mientras comen ayuda a que tengan una nutrición más adecuada. Durante este tiempo se les guía en la alimentación, haciendo que coman de manera más pausada y favoreciendo la sensación de saciedad y autocontrol en relación a la comida.

5.- Mejor desarrollo. Se ha comprobado que los niños que preparan la merienda junto a sus padres potencian en gran medida su psicomotricidad, ya que este tipo de actividades ayudan a que tomen control de su cuerpo, aprendiendo a usar las manos con mayor precisión.

6.- La importancia del ejercicio. Según el estudio de El Caserío, en la última década casi el 40 por ciento de los niños tienen meriendas sedentarias, es decir, que en la actualidad toman esta comida viendo la televisión, o jugando con el móvil o con videojuegos. Sin embargo, los padres pueden ayudar a que este hecho cambie, promoviendo juegos en casa o al aire libre y actividades durante este rato, para que se muestren activos.

7.- Creatividad gastronómica. Si planificamos el menú semanal con los niños podremos además, potenciar la creatividad de toda la familia. No solo pensando platos o posibles combinaciones, sino innovando en el emplatado. Una brocheta de fruta sabe más rica que una manzana recién pelada.

8.- Mejora de la comunicación. La merienda puede convertirse en un momento en el que compartir en familia aquello que se ha hecho durante el día. Hacer que los niños cuenten qué han hecho en el colegio o planificar junto a ellos el fin de semana, ayuda en el desarrollo de su vocabulario.

9.- Valores familiares. Si los padres comparten este tiempo con los pequeños, se convertirá en un momento en el que inculcar valores y sentimientos. Además, la merienda puede reforzar vínculos familiares, ayudando a que, de adultos, los jóvenes recuerden estas experiencias positivas aplicándolas a su vez en sus propios hijos.

10.- Imitación del estilo de vida. Los pequeños aprenden por imitación y, si los padres se alimentan correctamente y meriendan junto a los pequeños de la casa, estos asumirán esta misma forma de comer, haciendo que de mayores sepan elegir mejor sus platos.